Me asombra el valor que tienen los frutos al desprenderse del árbol, porque al fin y al cabo, es su propia y particular naturaleza quien las madura al tal punto de ellas comprender que el hecho que caer al suelo desconocido entregándose a merced de una gravedad,
no es tan grave como parece.
Madurez a la asimilación de un cambio repentino de realidad.
En el acomodo acogedor en la parte de la fuerte rama donde le tocó nacer ,
con Madre Árbol como progenitora su carozo y del hogar que le soporta,
Fruta vive bien.
Alimentándose,
encontrando luz y sombra,
amor y ropa, en forma de algún follaje fresco.
Fruta crece, se enriquece su jugoso interior de propiedades curativas y proteicas .
Madura,embellece su clímax,
Concreta su color,
ES.
Me asombra el valor de la fruta cuando ES por simplemente SER lo que ES y sentir en tan solo una mordida,
la aceptación de ella al SER un sabor, pues también
es Agua,
Es afluente de la Pacha,
Nacimiento y Crecimiento ,
Degustación primordial y vital,
Es una comida compartida entre el árbol y vos.
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